Denise Díaz Ricárdez.- Existen muchas bibliotecas públicas en el territorio de México, algunas frecuentadas en exceso con diversos ofrecimientos a los escolares aunque a otras ni siquiera van familiares de los encargados.

Es posible que estos espacios a cargo de autoridades educativas puedan innovar estos espacios que son de gran utilidad siempre y cuando así se consideren, como enlaces de planteles para fomentar lectura y conocimientos mediante consultas y sean equipadas como los marcan estos tiempos modernos.

Muy atrás quedaron aquellas épocas en que esos centros de acopio de libros eran casi de asistencia obligatoria. 

Vaya que habrá bastantes que recuerden copiar en un cuaderno lo que decían libros de ciencias naturales, civismo, geografía, aritmética, geometría e historia por referir algunas e ir a casa a escribir a máquina y a como quedara.

Pero todo ha cambiado.

Así como hay de estos sitios muy frecuentados, incluso por localización geográfica, hay otros que están limpios y ordenados por los bibliotecarios.

Esto en parte a las vanguardias tecnológicas que propician cambios permanentes en los sistemas de aprendizaje por lo que al estudiantado se le hace más fácil y rápido consultar los sitios en redes y hasta en celular e incluso mediante lo más avanzado, que es la inteligencia artificial.

Copia y pega, plataformas digitales, internet, son adversarios de los profesores cuando revisan trabajos escolares.

De acuerdo con datos de gobierno en el país hay siete mil 400 bibliotecas públicas, que dan servicio  aproximado a 30 millones de usuarios, la mayor parte de ellos jóvenes de 14 a 17 años, de secundaria. 

En algunas entidades el desplome de bibliotecas públicas alcanza más de 90 por ciento, no únicamente por la internet o redes, sino por el abandono físico que presentan la mayor parte de estos lugares.

Las bibliotecas públicas en México son instituciones que han evolucionado con el tiempo, adaptándose a las necesidades cambiantes de la sociedad. Desde su origen, han jugado un papel crucial en la alfabetización y el acceso a la información. En muchas comunidades, especialmente en áreas rurales o marginadas, estas bibliotecas son uno de los pocos lugares donde las personas pueden acceder a libros y recursos educativos. A menudo, se convierten en centros culturales donde se realizan actividades que fomentan la convivencia y el intercambio de ideas.

Con el avance de la tecnología, muchas bibliotecas han comenzado a integrar herramientas digitales en sus servicios. Esto incluye el uso de catálogos en línea, acceso a internet gratuito y programas de capacitación en habilidades digitales. Algunas incluso cuentan con espacios dedicados a la creación de contenido, como laboratorios de medios donde los usuarios pueden aprender a producir videos o podcasts. Además, la colaboración con escuelas y organizaciones locales ha permitido que las bibliotecas se conviertan en aliados estratégicos en la promoción de la educación formal e informal. Sin embargo, todavía existen desafíos significativos, como la necesidad de mejorar la infraestructura y aumentar el financiamiento para asegurar que todos los ciudadanos, independientemente de su ubicación, puedan beneficiarse de estos servicios.

En los últimos años, se ha visto un esfuerzo renovado por parte del gobierno y organizaciones no gubernamentales para fortalecer estas instituciones. Iniciativas como el Programa Nacional de Bibliotecas Públicas buscan no solo dotar de recursos a las bibliotecas, sino también capacitar al personal y promover la participación comunitaria. Además, se han implementado programas que incluyen la lectura en voz alta y la promoción de autores locales, lo que ayuda a cultivar una cultura de lectura que trasciende generaciones. La importancia de las bibliotecas públicas en México radica en su capacidad para empoderar a las comunidades y promover un acceso equitativo a la cultura y el conocimiento.

Replantear una modernización integral es viable o de plano compartir estos espacios en actividades culturales, capacitación para el trabajo y las artes.