Denise Díaz Ricárdez – Hay fechas que no necesitan explicación porque se sienten. El 15 y 16 de septiembre son de esas: las calles se llenan de banderas, la música despierta recuerdos y, por unas horas, pareciera que todos encontramos un punto de encuentro en algo tan sencillo y tan profundo como decir: ¡Viva México! La celebración de la Independencia no es solamente una ceremonia, un desfile o una noche de fiesta; es una oportunidad para mirar nuestra historia, recordar a quienes participaron en la construcción de la nación y reconocer que la identidad de un país también se alimenta de sus símbolos, sus tradiciones y de esa emoción colectiva que se transmite de generación en generación.
Celebrar la Independencia también debería invitarnos a preguntarnos qué significa hoy ser mexicanos. Más allá del orgullo que provocan nuestros colores, nuestra música, nuestra comida y nuestras tradiciones, está la responsabilidad de construir cotidianamente el país que queremos heredar. La emoción de estas fechas adquiere verdadero sentido cuando se convierte en memoria, participación y compromiso con nuestra comunidad. Porque la patria no vive únicamente en una bandera que ondea en una plaza: vive en cada persona que trabaja, que cuida, que ayuda, que participa y que, desde su propia trinchera, procura que México sea un lugar más digno para todos. Quizá por eso, cada septiembre, cuando escuchamos el grito de “¡Viva México!”, no solamente celebramos lo que fuimos; también renovamos la esperanza de lo que podemos llegar a ser.
Si alguna conmemoración cívica congrega y conmueve a la nación mexicana, es evidentemente la Independencia iniciada en Dolores Hidalgo el 15 de septiembre de 1810.
Fecha en la que, sin mayores distingos, la sociedad rememora esa gesta heroica, tanto en el territorio nacional como en el extranjero, en donde hay representación oficial
Desde el Palacio Nacional, capitales de los estados, alcaldías y municipios, se celebra el grito de independencia en concurridas participaciones.
Soberanía, libertad, próceres, mujeres y hombres son recordados mediante festividades multitudinarias, como se apreció en la fecha referida, y desfiles populares y militares el miércoles 16.
Inclusive quienes dejan de asistir a los actos multitudinarios, el recuerdo de esa fecha es motivo de encuentros en buena parte de los hogares, en donde también hacen convivios hasta altas horas de la madrugada.
Sin dejar pasar por alto la realidad que se vive en el país en muchos campos de la convivencia, que desde la independencia precisamente aún no se pueden resolver del todo. Entre ellos, claro, la reivindicación de los sectores marginados que residen en zonas tan apartadas de los centros urbanos y que desde aquella lejanía independentista siguen presentes.
Sin olvidar también la urgente reivindicación de los derechos de las mujeres, el urgente equilibrio de vulnerabilidad que se requiere en estos tiempos presentes y que no se resuelven del todo.
La responsabilidad es compartida entre gobierno y sociedad. Creo que, más allá de diferencias políticas legítimas, es menester actuar en unidad por todo lo que se juega en un futuro inmediato. Unidad como se planteó desde el grito de Dolores en el ya muy lejano 1810.







