Denise Díaz Ricárdez – La digitalización sigue llegando de forma progresiva e inexorable a la mayor parte de las actividades humanas, casi sin excepción, en el mundo.

Se puede asegurar que México no está propiamente a la zaga en esa materia, de hecho registra avances en el uso de medios digitales en múltiples servicios de orden público, económico y social.

De ahí la relevancia de la recién aprobada Ley de Economía Digital para Pagos Digitales y Electrónicos por parte del Senado el pasado miércoles, con lo que concluye el proceso legislativo desde que el ejecutivo federal la envió primero a la Cámara de Diputados, desde septiembre.

Una vez que la ley se publique en el Diario Oficial de la Federación será la Secretaría de Hacienda y Crédito Público la que definirá cuáles serán los rubros de muy diversos pagos que en adelante se harán a través de los medios digitales que, inclusive, ya están en operaciones distintas.

Uno de los objetivos centrales será la sustitución paulatina de billetes y monedas para el pago de servicios públicos, proveedores y comercios. 

Otro de los propósitos evidentes es evitar el lavado de dinero para el pago tanto de trámites oficiales u otras actividades privadas.

Se ha mencionado que gasolineras y casetas de peaje de hecho ya operan con el pago de transferencias a través de celulares; tarjetas de débito y crédito o; especiales. 

A tal grado de especialización se ha llegado en otras partes que nos dejan hasta con el ojo cuadrado.

En el Reino Unido, en Londres específicamente, las famosas libras prácticamente están pasando a la historia. Casi todo es con tarjeta: hoteles, aviones, taxis, restaurantes, bares, cafeterías,  almacenes, lo que se ocurra. Hasta los músicos en el metro o los sin hogar que solicitan auxilio económico en las calles, cuentan con su terminal para depósitos. 

O en Japón, los hoteles ni recepcionistas ocupan. Al llegar conducen equipajes hasta un gran centro digital; allí se escribe una clave, sale una tarjeta que se usa de ingreso a habitaciones, restaurantes, salas, gimnasios, albercas y se la pueden llevar de recuerdo al concluir la visita.

Estoy segura que hacia allá vamos.

Será, eso sí, un largo camino todavía por andar. 

Las nuevas generaciones ya viven de cierta manera con estas prácticas digitales y las mayores tendrán que aprender de clavado  las nuevas tecnologías.

Se sabe que este ordenamiento legislativo va todavía para largo, aunque ya es un hecho empezar a despedirse de las muy antiguas monedas y billetes que podrán verse en los museos o en las películas o en cajas arrumbadas.

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