Denise Díaz Ricárdez. Aunque la vanidad es considerada un pecado dentro de las creencias de la religión cristiana. La realidad es que, a muchos nos gusta echarnos una miradita en el espejo. Sobre todo, en el caso de las mujeres -Aunque últimamente la tendencia en los hombres va en aumento, incluyendo otros géneros reconocidos culturalmente- entre sus múltiples cuidados personales, cuidan, en primer lugar, sus rostros.

A todos nos gusta lucir bien, más allá de pulcros y presentables, desde las primeras horas de la mañana. Antes de iniciar nuestras actividades diarias (trabajo, escuela, reuniones, etc). Y por supuesto, que nos da tiempo de una manita de gato -en algunos casos de leopardo-.

Si da tiempo con las prisas en la casa, o en el trayecto, nunca falta el retoque en la cara: cremas, base, primer, humectante, sombras, protector solar, rímel, pestañas postizas, rubor, corrector, fijador y labiales. Y vaya que en gustos se rompen elecciones de colores y sus múltiples matices suaves, medios fuertes, cada quien a su elección.

La inercia de la belleza forma parte desde tiempos ancestrales y es parte del presente de casi todas las condiciones sociales, viene esto a cuento para darnos una idea del tiempo que se dedica a exaltar el buen gusto de los rostros y de paso cuánto se gasta en tales utensilios que en general a todos puede agradar.

En el caso de México se menciona que una mujer joven o adulta gasta en promedio de 500 a mil 500 pesos cada mes en la diversidad de productos de belleza.

De acuerdo con datos oficiales y privados, en México hay 340 mil empresas operando en temas relacionados a la comercialización o servicios de maquillaje según datos del último censo económico de 2025.

“Los salones de belleza –hay casi medio millón de estas empresas dan empleo a más de 410 mil personas y generan casi $38 mil millones de pesos en derrama económica en salarios y gastos en proveedores, según el INEGI.

Hay marcas extranjeras de gran prestigio en el mercado y algunas mexicanas que han ido ganando presencia, aunque también una invasión de productos asiáticos, principalmente de China, que permiten a sectores de menos ingresos darse su manita de gato.

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