Cortesia

 POR: Francisco L. Carranco.- Una vieja canción del gusto popular que en su romántica letra dice “…cómo han pasado los años… las vueltas que da la vida…” Ahí me detengo para tratar de explicar lo indefendible de algunos personajes de la política nacional y sus yerros, cuando operan, precisamente, las políticas públicas como funcionarios; en esta ocasión me refiero Ana Gabriela Guevara, la otrora medallista olímpica y ahora una soberbia funcionaria que no funciona, excepto para armar líos.

Verá usted, Ana Gabriela Guevara, una atleta de alto rendimiento que, en sus mejores años, logró la Gloria para México e implantar su nombre en la mente de todos los mexicanos por triunfar en grandes competiciones mundiales de atletismo, hasta coronar sus esfuerzos dedicación y férrea voluntad en los juegos olímpicos de Atenas, en los que obtuvo un honrosísimo segundo lugar con medalla de Plata.

Al volverse una figura importante e influyente, gracias a sus logros deportivos, al apoyo y simpatía de los mexicanos, su temperamento aguerrido como atleta la vuelca para convertirse en una “obstinada” opositora contra las autoridades deportivas de esa época (2008,), considerada su primera primera trifulca, defiende a sus compañeros y acusa desde su ronco pecho, al que se desempeñaba como presidente de la Federación Mexicana de Atletismo, Mariano Lara, de malos manejos, corrupción, señalandolo directamente como responsable del fracaso y pésimos resultados de las delegaciones mexicanas en competiciones mundiales y de actos de corrupción. Observava o era víctima de esa situación.

Quizás, a partir de esos fuertes conflictos con la federación de atletismo, presumiblemente internos, ya que no se conocieron en la opinión pública, hasta que la Guevara los visibiliza y pide la renuncia del titular, bajo la amenaza de no participar más con la Delegación Mexicana en ninguna competencia por venir, cosa que cumplió.

Esa “amenaza deportiva” calificada como un intento de medir fuerzas, Ana Gabriela Guevara, solicita la intervención del entonces titular de la Comisión Nacional del Deporte, Carlos Hermosillo, y pide la expulsión definitiva de Mariano Lara, por corrupción y desvío de fondos internacionales, pero es ignorada por el dirigente.

Con el escándalo de corrupción creciente y al descubierto en el deporte mexicano, obliga, a solicitud de ella, la intervención del presidente Felipe Calderón, quién ante la exposición de motivos de Ana Gabriela y correspondiendo a la figura pública que la atleta representaba como capital político, decide suspender a Mariano Lara de sus funciones y del servicio público, la aguerrida atleta logró su anhelado triunfo, ahora político, sin embargo, la decisión de Calderón no la satisfizo y rompe relaciones con el ex presidente, a quien había apoyado públicamente en la campaña presidencial.

Con el tiempo libre y luego de haber capitalizado la “grilla” contra Mariano Lara, Ana Gabriela, se incorpora con Marcelo Ebrard, Jefe del Gobierno del DF perredista, quien la hace directora de cultura deportiva y luego titular del Instituto del Deporte del Distrito Federal, pero, pareciera que su insatisfacción política la llevará a brincar de puesto en puesto, como chapulín,  porque al poco tiempo dejó a Ebrard y se convierte en cronista deportiva. actividad que, pronto, también dejó para dedicarse a la carrera política dentro del PRD, del cual recibió dos oportunidades una la perdió, ante el PAN,  en un intento de ser Jefa Delegacional y la otra, por la vía plurinominal, se convirtió en Senadora de la República. 

Quizás este último salto que dio al Senado por vía plurinominal, la mujer atleta que en la mayoría de las veces, discreta, gustaba vestir con pants y ropa deportiva, cabellera recogida y sin maquillaje, era una atleta pues, pronto sucumbe ante el canto de las Sirenas de la política y los privilegios que de ello emanan, se empapa de soberbia, arrogancia, intransigencia y bocona tanto que le resultó una fractura facial en un altercado de tránsito donde varias personas le propinaron una golpiza; transformándose en una irreconocible fémina soberbia, insatisfecha, amargada, virulenta, agresiva y prepotente, nada que ver con sus representados del partido que la vio nacer y la perdió con las mieles que la política otorga desde una curul en el Senado de la República.

A partir del 2018, es nombrada Directora de la Conade, deja el puesto de diputada federal, para incorporarse a la administración, gestión y promoción deportiva del país, pero, esa nueva faceta cono funcionaria pública está siendo una guerra que está perdiendo y a la larga le traerá muchos problemas, porque, tiene varios frentes abiertos, aparte de mal carácter, inexperiencia administrativas y soberbia desmedida.

Los logros obtenidos como super atleta mundialista, luego del última escándalo suscitado con las nadadoras también medallistas mundiales, la empiezan a sucumbir y la opinión pública, organismos nacionales e internacionales deportivos se extrañan del deterioro de la CONADE, empresarios y fanáticos de las competencias deportivas señalan ineptitud de la funcionaria que presume que las cosas están bien, aunque la evidencia de su ineptitud para mantener sana de escándalos a la dependencia que representa y a los deportistas de alto rendimiento digan lo contrario.

En fin, quizás la fortuna o suerte que, por alguna razón la sostiene, ante los escándalos de su carrera como funcionaria desde que llegó al puesto, pudieran estar señalando su fin como servidora pública, ya que las quejas van en aumento: malos manejos, investigaciones, desfalcos del FODEPAR, desvío de recursos, eliminación de becas a atletas que no están de acuerdo con ella, daño patrimonial detectado por la Función Pública y, bueno, hasta un atentado por acá en tierras veracruzanas…

La polémica que sigue desatando Ana Gabriela Guevara Espinoza, la pone en un gran riesgo que no aguantará mucho sostener y, sobretodo, si el halo protector que ostenta se desgasta en defender lo indefendible… caray, como han pasado los años y las vueltas que da la vida…