Cortesia-ilustración

A Alejandra Maccise Duayhe, ejemplar, en su cumple

Convocar al “coco” aquellos años de infancia feliz e inocencia desbordante del ya lejano siglo anterior era decisivo: si no se dejaba el juego y se ponía la oreja en la almohada era, irremediable, recibir semejante visita.

Viene a colación esto porque hace exactamente un año muchos fuimos avisados desde la lejana hoy conocida ciudad industrial china de Wuhan, de la aparición de un extraño virus capaz de hacer estragos de diverso orden en los organismos humanos y de rápida expansión.

En efecto, como dice mi querido amigo David Martín del Campo, fue una información más entre miles y miles que pasó inadvertida o minimizada en general, lo cual,  y eso, vemos ahora, complicó todo.

Y vino el “coco” en avión, barcos, autobuses, de ciudad en ciudad a hacer, ahora sí,  efectiva su visita y no sólo a espantar sino a llevarse de los pies a todo aquel que se le atraviese.

Quienes han sobrevivido y los que se han salvado de toparse de tú a tú a estas alturas con el multicitado virus, pueden considerarse más que afortunados puesto que no reconoce condición social alguna.

Los gobiernos son responsables de la salud pública desde la prevención hasta la atención, lo cual se establece en las constituciones e incluso en los convenios con organismos internacionales; así como propiciar el desarrollo

Unos se durmieron en cumplir oportunamente advertencias y cumplir normatividades médicas y ahora están más que inmersos en aplacar, a toda costa, los estragos de todos conocidos en tanto que las economías están lejos de continuar crecimiento.

El dilema en naciones de mediano estatus, como la nuestra, el dilema está en el difícil equilibrio entre enfermedad y economía, esto mediante campañas masivas de comunicación en torno a los cuidados, antes de frenar las actividades económicas.

El asunto es complicado y agudo principalmente en las zonas urbanas, ni qué decir de la Ciudad de México y su área metropolitana y entidades circunvecinas, pues se movilizan 24 millones de personas a diario , cuatro millones de unidades motoras, aviones que aterrizan y despegan cada 30 segundos en las horas pico.

Está visto que muchas personas no pueden quedarse en casa todo el tiempo y todos los días al grado que vemos movimientos masivos precisamente en centros comerciales, mercados, autobuses, terminales, abarrotados.

Ya no se diga que continúan las fiestas en muchas partes y restaurantes, bares y cantinas con mucha asistencia, muy su gusto y sus derechos, aunque las consecuencias están a la vista.

En tanto, no queda más que atender las medidas preventivas –que lamentablemente muchos no siguen a estas alturas- y esperar las vacunas apropiadas y suficientes.

Y más que nada, reconocer el valor de quienes están atendiendo en los hospitales el número creciente de los visitados por el fugaz e impredecible, fugaz, sorpresivo “coco” que llegó desde Wuhan un inesperado día de finales de diciembre.

Atraques:

  1. El presidente López Obrador está en el tercer año de su gestión al frente del gobierno federal. Hasta donde se aprecia, está más que empeñado en su proyecto de cuarta transformación, lo que implica poner ciertamente orden entre tanto desorden y de paso hacer realidad sus planes esenciales de infraestructura, sobre todo en el sureste. Le dé tiempo o no se verá, lo que sí es evidente es que quien le suceda tendrá que poner, a su vez, mucho orden.
  2. Seguridad y estado de derecho, son otros pendientes en el camino, no se ve nada claro en esto.
  3. Y eso no sólo le compete al ejecutivo federal, los estatales andan lejos de atender lo que les corresponda.

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