Carlos Alberto Duayhe Villaseñor.- El tema de las relaciones del poder público, los medios de comunicación y los periodistas en la era contemporánea cobra relevancia todos los días.

De esta relidad ninguna nación se salva, incluso las llamadas del primer mundo.

Las desavenencias son frecuentes, las muy constantes del presidente estadounidense Donald Trump contra importantes medios de la vecina nación.

Ni que decir de don Daniel Ortega, que no las trae consigo en la vecina Nicaragua, en donde se ve que a él y a su esposa ya les gustó harto el poder, es decir, llegaron para quedarse y no la traen todas consigo con los sufridos medios de ese país vecino.

De Guatemala, ni hablar. Y así le podemos seguir y seguir.

El origen es la transferencia de dineros públicos a la difusión de actividades gubernamentales hacia medios y periodistas, en el mejor de los casos, de donde parten esas relaciones entre unos y otros.

Hay también recursos públicos a personas en particular o a empresas que hacen las personas legítimamente para obtener esos recursos.

Y al mismo tiempo muchas triquiñuelas para logar la mejor imagen de quienes tienen responsabilidades públicas.

Lo cierto es que llegar al poder quiérase o no transforma a las personas, en el mejor de los casos para bien o con el riesgo contrario.

No te pago para que me pegues, histórica frase de José López Portillo nada ajena a ninguno de los gobernantes mexicanos de ayer y hoy. Pero lo que no se dice desde el poder y el interés público,  no se sabe.

Ahora el presidente Andrés Manuel López Obrador hace críticas a algunos medios y periodistas que, dijo, se dedican a descalificar su actuar porque no participan en la transformación propuesta por su gobierno.

Difícil y espinoso terreno entre el sumarse, sumirse, criticar, aportar, cuando la responsabilidad primigenia es del gobierno, lo cual incluye, por supuesto, cumplir con las leyes establecidas que dan sentido a la vida en comunidad con sus representantes elegidos por un periodo determinado e ir construyendo, eso sí, estado de derecho y desarrollo.

A los medios corresponde sí difundir, y al mismo tiempo exponer, denunciar e investigar lo que ocurre en todos los sectores, incluido el gobierno.

López Obrador ya emprendió, cierto, muchos cambios y los que faltan son muchos, más los que se avecinan en una nación muy afectada por la corrupción y enmarcada ya en un mundo globalizado.

Mientras tanto es difícil suponer que vaya a haber una relación de subordinación de medios y periodistas ante el gobierno y viceversa y en este mar hay que navegar.

Como dice López Obrador no puede haber gobierno rico y pueblo pobre, ni gobierno intolerante ni medios mediatizados ni periodistas afectados por muchos frentes.

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