A Gabriel, Paco y Liz, de Porcierto.com.mx

Carlos Alberto Duayhe Villaseñor.- Ser la décimo segunda economía del mundo –difícil saberse los nombres de todas las naciones- es un verdadero honor que merece México.

Sobre todo porque siglo tras siglo, década tras década, año tras año, desde saqueos menores y mayores, grandes y pequeños negocios legítimos o ilegítimos, infraestructura a medias, el país sigue con la proa hacia la educación, la ciencia, la democracia, palabras que encierran tantos aciertos y de los otros que ya sabemos.

Desde el gobierno federal se han tomado todo tipo de decisiones que han incidido en esos anhelos de paz, justicia y desarrollo, desde la figura presidencial que antes y ahora ejercer el poder de manera formar, informal y discrecional.

La República entonces está organizada de tal manera que hay tres poderes desde el centro: ejecutivo, legislativo y judicial; el modelo se replica en los estados; y de una u otra forma en los municipios. Estos tres elementos suponen equilibrios en el ejercicio diario del poder aunque a veces no es muy claro en el caso de quienes legislan y de quienes tienen la enorme responsabilidad de hacer válidas la Constitución y las leyes por las que todos juran.

Luego se cuenta con el ámbito económico, en el que juegan instancias públicas, privadas y hasta sociales, aun cuando la primera ejerce una fuerte influencia al manejar mayormente sectores estratégicos como son los energéticos; la segunda, se supone, el motor del crecimiento y la tercera, pues con relativa influencia como son los sindicatos que regulan o eso pretenden las relaciones entre el capital y el trabajo aunque a veces hacen negocios de todo. De este enjuague sale el dinero público y toda la andanada de la burocracia.

Luego viene el sector educativo público y particular, desde guarderías –de las que una ni llorar vale- hasta la superior, en una botella que, dicen los especialistas, se va haciendo embudo y de millones alcanzan la profesional. (Datos de la Secretaría de Educación Pública (SEP) hoy en día solo 3 de cada 10 jóvenes de 18 a 22 años tiene la posibilidad de asistir a la universidad, lo que representa un problema de desarrollo para el país). Y de pilón hay, siete millones de chavas y chavos que ni estudian ni trabajan, dixit José Narro Robles, exrector y essecretario de Salud y exaspirtante a la grande).

El caso viene a colación porque es muy urgente y en serio llamar a la unidad y a la conciliación de intereses, entre una mayoría que ya votó contra la corrupción e impunidad y una minoría que lo sabe pero que quiere garantías, crecimiento y de nueva cuenta, desarrollo, como sea que se mida o se llame, sea Producto Interno Bruto, Bono de Felicidad o de meditación.

De paso tomar muy en serio lo de aplicar la Constitución y sus leyes secundarias tan multijuradas por todos y que las han dejado muy mal asegurada pues ya urge aplicarlas y consolidar el tan llevado y traído estado de derecho.

Atraques:

  1. La dupla Covid y desplome de la economía mundial trae asolada al mundo y aquí grave el asunto del empleo formal e informal. Y ya en las calles asoma pobreza y su secuela: miseria.
  2. El presidente Andrés Manuel López Obrador –más allá de alocuciones fuera de contexto- es persistente en mirar de donde viene: el sureste. Sólo que equilibrar infraestructura con medio ambiente sigue siendo el gran reto, pues no se les vaya a pasar, también como a los neoliberales , la mano.
  3. Una importante noticia es el rescate del puerto petrolero de Coatzacoalcos, el tercer, aún del unido, aunque da tristeza ver sus calles y alegría la fuerza de sus habitantes.  De ahí la relevancia del ejecutivo federal en donde fue informado de lo que se está haciendo en el corredor Coatzacoalcos, Nanchital, Moloacán, Cosoleacaque, Minatitlán y ojalá no se me escape uno, de relevancia energética, lugares a los que llega el crudo y gas de todo el sureste.